¡Fue maravilloso volver al Cabo de Hornos!

Había navegado el Cabo en un crucero el 2016, cuando fui a la Antártica, pero no había bajado. Decidí que volvería en un barco chico para el Parqueando, pero aun no sabía cómo. Lo hermoso de viajar a dedo es que muchas de las informaciones que no tengo me llegan viajando con otras personas, y de esta vez no fue diferente. El día de mi cumple años, un día antes de tomar la barcaza a Isla Navarino, hablé con Mauro, del velero Serendipia (Serendipia Sailing)  que me dijo que saldría el 30.12. desde Puerto Williams.

Zarpamos por la mañana, se armó un grupo hermoso: Mauro, el capitán y cuatro pasajeros Santiago, Jeymar, Don Miguel y yo. La primera noche dormimos en Caleta Wulaia, anteriormente habitado por los yaganes. Ahí vivía Orundellico, conocido también como Jemmy Button, que fue raptado por Fitz Roy cuando tenía 14 años y llevado a Inglaterra en la expedición del HMS Beagle, integrada por Charles Darwin.

El 31.12 vimos ballenas jorobadas a lo lejos y Mauro apagó el motor. El mar estaba calmo, planchadito y para mi sorpresa, 3 ballenas se acercaron a la proa del barco. Estuvieron un rato con nosotros, nadaron por debajo del barco y pudimos verlas muy muy cerca. Eran más grandes que el velero, pero nadaban muy despacio, con su calma de seres gigantes mirando pequeños humanos en su barquito. Para mi fue una experiencia muy impactante y profunda a la vez, tener 3 ballenas de más de 15 metros de largo, en un velero que no tenía más que 12 metros. Sentí que 2024 se despedía con grandeza: un año que empezó a 4300mts de altitud en el Atacama y se despedía con 3 seres gigantescos, bellos y calmos.

La noche de año nuevo pasamos en el Parque Nacional Cabo de Hornos, en Isla Herschel. Bajamos en Caleta Martial y pude saltar 7 olas, una tradición de mi país, y así agradecer saludar a Iemanjá, la reina de los mares y de las aguas. Ya de vuelta al barco, juntamente con Jeymar, celebramos con el chapuzón de año nuevo y nos tiramos del banco a las aguas frías del mar austral. Cenamos juntos una rica comida y nos despedimos del 2024. No podía ser mejor!

El 01. 01 llegamos a Isla Hornos, la isla más austral del archipiélago. El clima estaba bueno y pudimos bajar todos. Fuimos primero a la escultura del Albatros, erigida en honor de los marinos que murieron intentando cruzar el Cabo. Se estima que por lo menos 800 barcos se hundieron ahí y 10.000 marineros perdieron sus vidas en estas aguas. (Gracias, Mauro, por traernos de vuelta.)

En el faro fuimos recibidos con mucha amabilidad por la única familia que vive allá. José Luis, Pamela, sus dos hijos y su gato, Calafate. Sofía (@Sofiartcapehorn), la hija mayor, es una artista y pinta acuarelas bellísimas de los animales del sur. Nos invitaron a desayunar con ellos y después para un asado. El clima se mantuvo calmo y pudimos quedarnos. Fue hermoso compartir con ellos. En la tarde pudimos finalizar la circunnavegación del Cabo, sanos, salvos y bien alimentados. Para cerrar el parque con llave de Oro, nos acompañaron 3 delfines durante una hora, nadando en la proa del velero. yo me acosté en el piso y pude mirarlos de cerca todo el tiempo. 

Aunque el Cabo de Hornos sea un gran reto náutico, aun en la actualidad, el viaje en el Serendipia fue tranquilo y agradable. Mauro tiene mucha experiencia en este tipo de navegación y conoce bien toda la región: sus canales, sus historias, los animales y el clima.

Es una persona muy atenciosa y fue muy amable con cada uno de nosotros, que nos sentimos como en casa. El velero es muy lindo y acogedor, siempre hay música y muy buena onda! Fue un viaje maravilloso y lleno de serendipias!