Camping 1.000 estrellas, y un trekking de casi 100 años

Una experiencia de dos días para desconectarse de Santiago, caminar por la cordillera en senderos históricos, y dormir bajo las estrellas en uno de los rincones más especiales de la Región Metropolitana.

 

A solo unos pocos kilómetros de Santiago se encuentra el Santuario de la Naturaleza Yerba Loca, un lugar en medio de imponentes montañas de los Andes Centrales. Este santuario tiene cumbres desde los 2.300 msnm hasta los 5.000 msnm, más de 30 km de senderos de montaña, rutas de escalada en hielo y roca, y también un camping muy lindo para disfrutar en familia o al más puro estilo deportivo.

Sus instalaciones son de primer nivel: cuentan con baños, estacionamientos, lugares para hacer picnic, camping, calefacción, wifi y mucho más.

La aproximación, desde el Mall Sport, es de aproximadamente 27 km que tranquilamente se pueden recorrer en 45-50 minutos en un día de tráfico normal, fuera de la temporada alta de esquí. Apenas en los primeros kilómetros de ruta dejamos la ciudad atrás y comienza un sinuoso camino de montaña, con el río Mapocho en su parte baja y con icónicas rutas de montaña a nuestro alrededor, como el cerro Provincia al sur de la ruta y el cerro Pochoco al norte.

Luego, en el km 14 aproximadamente, encontramos el control policial de La Ermita. En temporada alta existen horarios especiales de subida, por lo que siempre es recomendable revisar previamente las condiciones de acceso.

Más adelante, en el km 17-18 aproximadamente, encontramos la bifurcación hacia la mina Los Bronces y hacia los centros de esquí, donde comienzan las curvas del camino a Farellones. Aquí debemos tomar la segunda opción y continuar hasta la curva 15, lugar donde se encuentra este maravilloso parque de naturaleza.

Desde aquí nos recibirán los guardaparques con una breve charla sobre la normativa del parque, el cuidado del entorno y cómo disfrutar de manera segura. Un dato muy importante es que las entradas al parque deben comprarse previamente, ya que no se pueden adquirir directamente en la recepción debido a que existe una capacidad limitada de visitantes por motivos de conservación.

Después de la charla comienza un sinuoso camino de montaña de aproximadamente 4,2 km de tierra, con algunos cruces de pequeños esteros. Hay que conducir con precaución, ya que podemos encontrarnos con animales como vacas, caballos y zorros, además de culebras durante el verano, y existen sectores con alta exposición hacia quebradas.

Día 1: Llegar, armar el campamento y conocer Villa Paulina

Una vez que dejamos atrás el camino de acceso llegamos a Villa Paulina, el principal sector habilitado para camping dentro de Yerba Loca.

Y aunque todavía no hemos comenzado a caminar hacia el Refugio Alemán, la experiencia ya comenzó.

Lo primero es buscar nuestro sitio, instalar la carpa y organizar todo lo necesario para pasar la noche. La idea es tomarse este primer momento con calma: dejar las cosas ordenadas, preparar el lugar donde vamos a dormir y, sobre todo, empezar a bajar las revoluciones.

Porque una de las gracias de esta experiencia es precisamente esa: no tener que hacerlo todo en un solo día.

Villa Paulina permite disfrutar de la montaña sin la necesidad de estar corriendo contra el reloj. Después de armar el campamento podemos recorrer los alrededores, conocer el sector y simplemente disfrutar del paisaje.

Desde aquí ya comienzan a aparecer las grandes montañas que rodean el valle de Yerba Loca y que al día siguiente serán el escenario de nuestro trekking.

Es también un buen momento para preparar la mochila del día siguiente. Revisar el agua, la alimentación, el abrigo, los bastones y todo lo que necesitaremos para caminar hacia el Refugio Alemán.

Una noche bajo las estrellas

Cuando empieza a oscurecer, Yerba Loca cambia completamente, la actividad del día comienza a desaparecer y el silencio de la montaña toma protagonismo. Lejos de las luces de Santiago, el cielo empieza poco a poco a llenarse de estrellas.

Una cena sencilla, una conversación alrededor de la carpa, mirar las estrellas y escuchar el silencio de la cordillera pueden ser suficientes para sentir que estamos muchísimo más lejos de la ciudad de lo que realmente estamos.

Una noche para desconectarse, descansar y preparar el cuerpo para el trekking del día siguiente. Al otro día, si tenemos suerte, podemos despertar con los pajaritos y ver mientras los primeros rayos de sol comienzan a iluminar las montañas.

Día 2: Rumbo al Refugio Alemán

Después del desayuno y de preparar nuestras mochilas comienza la segunda parte de la aventura.

Hoy dejamos atrás Villa Paulina para internarnos por el valle de Yerba Loca rumbo a uno de sus rincones más especiales: el Refugio Alemán, un antiguo refugio de montaña ubicado aproximadamente a 2.483 metros sobre el nivel del mar.

Desde Villa Paulina tenemos alrededor de 4,2 km por tramo, con aproximadamente 565 metros de desnivel positivo. La dificultad es media y el tiempo de caminata dependerá bastante del ritmo del grupo y de las condiciones del sendero.

A medida que dejamos atrás el camping, el paisaje comienza lentamente a cambiar. El sonido de Villa Paulina queda atrás y el valle empieza a tomar protagonismo.

El sendero nos lleva por antiguos caminos utilizados durante décadas por montañistas y arrieros que se internaban en esta parte de los Andes. Y aunque hoy recorrerlo puede parecer una aventura sencilla, estos mismos rincones forman parte de una historia mucho más antigua de exploración de la cordillera.

El Refugio Alemán tiene casi un siglo de historia, y llegar hasta él es también una forma de caminar sobre las huellas de quienes, mucho antes que nosotros, comenzaron a recorrer estos valles con otros medios, otros equipos y, probablemente, bastante más incertidumbre.

Las montañas comienzan a abrirse frente a nosotros. Cada cierto tiempo vale la pena detenerse, mirar hacia atrás y observar cómo Villa Paulina comienza a desaparecer entre el paisaje. El esfuerzo de la subida se siente en las piernas, la respiración se hace más profunda y el cuerpo comienza a entrar en ese ritmo tan propio de la montaña.

Llegar al Refugio Alemán

Después de avanzar por el sendero finalmente aparece nuestro objetivo. El Refugio Alemán se encuentra en medio de este paisaje cordillerano, rodeado de montañas que hacen que el refugio parezca pequeño frente a la inmensidad del valle, esa es una de las sensaciones más bonitas de llegar hasta aquí: sentirse pequeño frente a la montaña.

Después del esfuerzo de la subida, llegar al refugio invita naturalmente a detenerse, podemos descansar, comer algo, hidratarnos y simplemente observar porque muchas veces la recompensa de un trekking no está solamente en llegar al destino, sino en todo lo que sentimos mientras estuvimos en el camino.

Un dato importante para esta ruta es el agua. Existe un punto de agua en las cercanías del Refugio Alemán, pero dependiendo de la época y las temperaturas puede encontrarse congelado o sin suministro. Por eso, antes de comenzar la caminata es fundamental consultar las condiciones con los guardaparques y, ante cualquier duda, salir desde Villa Paulina con el agua necesaria para toda la jornada.

Después de disfrutar del refugio comienza nuestro regreso, la bajada cambia completamente la sensación del recorrido. Volvemos lentamente hacia Villa Paulina, siguiendo nuevamente el sendero entre montañas como el cerro El Plomo, El Manchón, La Paloma, quebradas y vegetación cordillerana, y después de aproximadamente tres o cuatro horas entre subida y bajada, dependiendo del ritmo y las condiciones, estaremos nuevamente en el camping.

De regreso en Villa Paulina toca una de las partes menos épicas, pero necesarias de cualquier aventura: desarmar el campamento. Guardamos la carpa, los sacos de dormir, ordenamos nuestras mochilas y revisamos que no quede ningún residuo en el lugar.

Nos tomamos unos últimos minutos para disfrutar Villa Paulina, mirar las montañas que nos acompañaron durante estos dos días y quizás pensar en lo rápido que pasó todo. Hace menos de 24 horas estábamos llegando con nuestras cosas para armar la carpa. Ahora estamos guardando todo para volver a Santiago.

El regreso comienza por el mismo camino de tierra que nos trajo hasta aquí. Atravesamos nuevamente los 4,2 kilómetros hasta la entrada del parque y poco a poco comenzamos a descender por la montaña.

Una montaña mucho más cerca de lo que creemos

En apenas dos días podemos salir de Santiago, dormir bajo un cielo lleno de estrellas, caminar por un sendero con casi un siglo de historia o mucho más, conocer un antiguo refugio y pasar horas completamente rodeados por los Andes.

Yerba Loca nos recuerda que la aventura no siempre tiene que ser complicada ni estar lejos, a veces basta con una mochila, una carpa, un buen par de zapatos y las ganas de caminar, y quizás, cuando volvamos a mirar hacia las montañas desde Santiago, sepamos que allá arriba existe un valle esperando nuestra próxima visita.

Así que la invitación queda hecha: prepara tu mochila, respeta la montaña y date el tiempo de conocer Yerba Loca.

Porque a veces, la próxima aventura está mucho más cerca de lo que pensamos.

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